Lo más flojillo, la comida, que es poco elaborada, aunque correcta y variada, por el precio que se nos cobró, no se puede pedir más, lo más incómodo quizá los guarda-skis abiertos y la tardanza del ascensor. Todo lo demás, inmejorable, a destacar la atención del personal, estábamos como en casa, y la cercanía, que no la mejora ningún hotel de categoría superior. Las habitaciones son lo suficientemente grandes y tienen a veces más camas de las que necesitas, hasta cinco para dos personas, y no son camas turcas, son de 90X1.90 REPETIRIAMOS, SIN NINGUNA DUDA.
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