Nos ha gustado mucho este hotel, sobre todo por la situación, a escasos metros de la casa de Ana Frank, a 5 minutos de la plaza Dam y a 10 del Barrio Rojo, incluso a la estación Central fuimos andando. La habitación era pequeñita, pero muy servicial, con todo lo necesario, y muy limpia. El desayuno básico, con bollería, queso... suficiente, en relación calidad-precio. Las escaleras impresionan, pero luego te das cuentas que son así en Amsterdam. El personal muy amable, nos dieron bastante información y un mapa de la ciudad.
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