Ayer por la tarde estaba tranquilamente en mi casa, en un confortable habitad de clase media en España, sin muchas suntuosidades, pero con todas las comodidades de la vida moderna. Descansando en un confortable sillón fui testigo en un reportaje televisivo de la miserias y penalidades que pasa la gente en la capital de Azerbaijan, Baku.
Quizás estemos más acostumbrados, que se yo, a las penurias de otros pueblos sin recursos como las hambrunas que se producen en el continente africano, o las miserias de paises superpoblados como India. Pero cuando un pais tiene los recursos petroliferos de Azarbaijan parece incomprensible que la situación de los habitantes de Baku sea tan penosa. La gente no sólo se muere de hambre sino también de los efectos de la contaminación que las fabricas químicas o las factorias petroliferas, han ido dejando en este lugar durante la época de pertenencia a la Unión Sovietica. Ahora hay unos jovenes gobernantes que se hinchan los bolsillos mientras el pueblo se muere. Los niños nacen con terribles deformaciones y retrasos, sin posibilidad de una vida digna. Los padres no tienen trabajo para alimentar a sus hijos, las medicinas que antes se les daban gratis ahora son para los drogadictos, los únicos que las pueden pagar. Los niños con taras, mueren casi siempre en el primer año de vida, y los que sobreviven a esto, malviven en centros estatales sin recursos, llenos de moscas y de miseria.
La imagen de esos niños me conmovió tanto que no pude evitar derramar algunas lágrimas.
Que injusta es la vida y que mal rapartida esta la riqueza, sentirme afortunada no sirve de nada a todas eses personas que en cada segundo mueren. Todos deberiamos comprometernos más que estas cosas. Y lo que primero debemos hacer es ayudar a todas esas personas que arriesgan su vida emigrando a paises más prosperos, debemos entender que el mundo es de todos, y para todos.
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