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Ausculté la selva y descubrأ­ cenotes: RM 08-07-2008 Invitado [0 Respuestas]
Desconociendo por completo a dónde iba y qué haría ahi (así me gusta viajer, como alguien que está perdido, sin coordenadas) llegué a la Riviera Maya. Al principio los moscos y la húmedad, el olor a fruta madura, el sudor, la sugerente felicidad de los cuerpos; Después el verde y el azul, la arena y el omnibulante reflejo de la luna en el mar. La selva y el oceano, los niños y las palmeras, las mujeres gloriosas y los cenotes celestiales. En bibcicleta recorrí desde cancún hasta cobá, deteniéndome en cualquier rincón. Ausculté la selva y descubrí cenotes; alcancé los mares y me deleite flotando como muerto; reviví los ritos de la cultura maya en cada uno de los sitios arqueológicos. En tulúm me pinté la cara de azul turquesa y fue como si me pintara la lengua con glifos mayas; hablé y hablé y hablé sin pronunciar palabra, sólo escuchando el veleidoso devenir del tiempo; en Cobá conocí cocodrilos y subi pirámides. Mi cuerpo al final del día estaba cubierto por el musgo de las piedras milenarias . Me metí al mar y dejé que el tiempo se hundiera hasta el fondo, no tardó en llegar un pez a comérselo. En el luminoso arrecife de Puerto morelos conocí a Ashim Al-Jakz, millonario marroquí que me brindó ginebra, consejos y el conocimiento del delfine. A toda velocidad por la riviera maya con destino a un lugar llamado Delphinus. Los delfines mayas con ojos de niños, su piel que al tocar da cuenta que existe el sentido del tacto y que puede ser tan profundo como la vista y el oído. Me sumergi entre ellos, emulando sus sonidos, sus movimientos. No necesitaba respirar, pensar. Me nacieron aletas. Ya había encontrado las coordenadas siempre extraviadas, ahora estaba graficando mi existencia entre los delfines. Y ahi estaban ellos, alrededor mío, bautizándome, convirtiéndome en uno más. Y yo aún sigo ahí aunque esté aqui, con las aletas secas y el respiráculo humedecido, esperando reunirme una vez más con ellos, en ese punto tan lejano ahora, en el sitio llamado Delphinus, en la Riviera Maya. Aun estoy entre los delfines que esa tarde visité con Ashim en delphinus. Aún viven el mar y la selva, aún soy un delfín que se convirtió en hombre.
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