Lo mejor del hotel, o lo único, es que está al lado de la catedral y muy céntrico. La habitación estaba más o menos limpia, había unas manchas sospechosas en las sábanas y en la taza del water. Los colchones de muelles han sido una tortura. Por mucho que tenga doble ventana se oyen los ruidos de la calle, y los de otras habitaciones. El desayuno escaso, y toda la bollería envasada, nada fresco. Los zumos a parte de no ser naturales sabían mal. La tele muy pequeña y colgada en la pared tan alta que te deja el cuello hecho polvo. |