Localizada en el centro de un valle fértil conocido como La Huerta, Murcia fue fundada por los árabes en 825 y crearon una red de riego que colaboró muy activamente en la prosperidad de la ciudad. Alfonso X recuperó la región de manos almohades y ya en el s. XVIII, gracias a la industria de la seda, el crecimiento de esta ciudad fue en aumento. De hecho, muchas de sus iglesias datan de este periodo.
Cerca del río Segura encontramos el Ayuntamiento, edificio de estilo neoclásico construido a mediados del s.XIX con tres plantas y cuatro columnas estriadas con capitel corintio en el centro de la fachada. La decoración interior es de estilo renacentista y destaca una impresionante escalera. A este edificio se le construyó otro anejo realizado por el arquitecto Rafael Moneo. A pocos metros, en la plaza del Cardenal Belluga, podemos disfrutar del Palacio Episcopal del s.XVIII con singulares elementos arquitectónicos. Destacan el Mirador del Obispo y las puertas-balcón de claras influencias de los palacios italianos. Y sin alejarnos nada, demos paso al monumento más emblemático de Murcia, La Catedral de Santa María, construida entre los s.XIV y XVIII con hermosa fachada barroca, una torre campanario de 92 metros de altura y cinco cuerpos que combinan varios estilos. En su interior resalta la Capilla del Marqués de los Vélez, adornada con dos escudos sostenidos por dos hombres salvajes y una cadena de piedra.
Nos dirigimos ahora hacia la plaza de Julián Romea donde se alza el monumental Teatro Romea, de fachada ecléctica con cierta inspiración neoclásica y modernista. Si tiene la oportunidad de visitarlo no deje de observar las pinturas del techo. Cerca de aquí se encuentra el Casino, singular edificio de belleza ecléctica que combina detalles clásicos y modernistas. No dude en visitar su interior.
Y por último, Murcia le propone dar un paseo a tres metros de altura caminando por el Malecón, desde allí podrá observar los jardines del antiguo Convento de San Francisco o el Jardín Botánico.
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